Yo me quedo en casa, sentado ante el ordenador.
Mientras,
tú viajas, te mueves, decides.
Y sigo estático,
pensando en hipótesis posibles, en encuentros futuros, en cervezas en el manchester, en conversaciones sobre literatura, en libros regalados, en visitas a hospitales, en manuales pesimistas, en pellizcos en el brazo, en tu sonrisa sincera.
Estoy lleno de recuerdos tuyos, guardados en una caja de cartón marron con un post-it amarillo.
Y recurriré a ellos, torpemente, a destiempo, cuando me hagan falta.
Pienso, ha sido un malentendido. Un gran malentendido.
Se me ha enredado el pensamiento entre tus dedos, entre tus bucles negros, entre tus piernas rizadas,
uno en cada sitio de ti.
Habra que empezar a recordarte,
como antes.
A mi niña valiente, maestra de arte y adiestradora de batlebys.
Livingston de causas perdidas, rescatadora de astios
Te debo mucho.
Esto no es ningún ejercicio.
Te debo mucho


4 comentarios
Noviembre 13, 2006 a las 6:50 pm
vaya
ahora no puedo dejar uno de mis comentarios socarrones
no escribas tan bien pedro, que me haces la competencia
Noviembre 13, 2006 a las 10:34 pm
estoy de acuerdo con la japonika, vaya profundidad…Y ese poeta? donde ha estado tanto tiempo? que sigan las palabras para el disfrute de nuestros oidos…
Noviembre 14, 2006 a las 12:40 am
Enhorabuena por el blog!
No sabía que nuestro Pedro se expresara tan bien.
¿Será la lejanía?
Un fuerte abrazo.
(p.d.saludos celiajaponesa!)
Diciembre 1, 2006 a las 9:41 pm
je ne te laisse pas